ZEUVERNO
Cristo del demonio
¿Por qué me miras sin pupilas?
No temo a los poderes sobrenaturales
pero me asustan las hebras de tu pelo.
Recuerdan los caminos iniciados
a sabiendas de que mi fe no volvería.
Tú si tienes imagen.
Viéndote me he reconocido.
Nací ya muerto,
al darme a luz la llama en retirada.
Por eso, mi cabello centellea.
En el sexo de piedra
sonaron cuatro golpes de cincel
a modo de canción de cuna anticipada.
No hubo más,
nadie volvió a besarme los oídos
Ninguna le dio el pecho
al resultado de lo grande y lo oculto.
Sólo una larva hermana
se dejó devorar.
Tan solo eso.
Entonces… no te extrañes
del cinturón de muerte que me viste.
No te sorprendas
de que no me importe la impía embarazada
sentada a mi derecha.
Ni aquel muchacho fino
con los libros de ciencia.
Allá en el Paraíso
me esperan veinte vírgenes.
Vuelo.
De nuevo, Zeus, se había olvidado las pupilas.
Y así, no hay forma de llorar tus muertos.