ZEUVERNO

 

Cristo del demonio

¿Por qué me miras sin pupilas?

No temo a los poderes sobrenaturales

pero me asustan las hebras de tu pelo.

Recuerdan los caminos iniciados

a sabiendas de que mi fe no volvería.

Tú si tienes imagen.

Viéndote me he reconocido.

Nací ya muerto,

al darme a luz la llama en retirada.

Por eso, mi cabello centellea.

En el sexo de piedra

sonaron cuatro golpes de cincel

a modo de canción de cuna anticipada.

No hubo más,

nadie volvió a besarme los oídos

Ninguna le dio el pecho

al resultado de lo grande y lo oculto.

Sólo una larva hermana

se dejó devorar.

Tan solo eso.

Entonces… no te extrañes

del cinturón de muerte que me viste.

No te sorprendas

de que no me importe la impía embarazada

sentada a mi derecha.

Ni aquel muchacho fino

con los libros de ciencia.

Allá en el Paraíso

me esperan veinte vírgenes.

Vuelo.

De nuevo, Zeus, se había olvidado las pupilas.

Y así, no hay forma de llorar tus muertos.

 

                                                          Luis Ricardo Suárez

                                                          Madrid, 7 de febrero de 2006