MERCADO  DE  SAN  MIGUEL

 

Mercado de San Miguel,

¡Qué sólo te estás quedando!

Los manolos y chulapas

na más compran en los cuadros.

 

A tu espalda ya no vive

aquel cine campechano.

Atracones de cotufas,

cordones en los zapatos,

un alfiler para el vivo,

y un pañuelito bordado

que a la linda modistilla

se le escapó de la mano.

 

Siete puestos, quizás ocho,

sobreviven dormitando.

Señora, carne picada.

Póngame mitad de cuarto

y espero oírla mugir,

que ya no veo el caballo

de ese gitano liante

junto a la puerta aparcado.

 

Pichi, una de castigo,

hecho un pincel, chuleando.

Que aunque ya no soy chicuela,

tengo bravío el refajo

y las piernas de verbena

para marearte un rato

en lo alto del ladrillo.

Vértigo, me da pensarlo.

 

A lavar pies, a la fuente.

Para masticar, tabaco.

Paloma, será tu madre.

Y de hacerme, ni un retrato.

Suelta pronto un par de duros

que en seguida nos najamos

a libar agua de anís

en el mesón de Venancio.

 

Mercado de San Miguel.

¡Qué sólo te estás quedando!

Na más queda un inversor

que nunca saldrá en el cuadro.

 

                                                Luis Ricardo Suárez

                                                Madrid, 9 de febrero de 2006