ARTE
Llueve en El Rastro.
Llueve Paris
sobre los puestos de mercaderías.
En nada,
habrá garzones y mademocillas
jugando al corro de la pomme de terre,
en torno a la estatua de Cascorro.
La lluvia
tiene el don de traspasar paisajes.
Si el descuidero se descuida,
le habrán robado el nombre,
pasando a ser enfant de mano larga,
ratero con acento agudo.
Incluso,
a media melopea,
alguien jurará haber visto
la Torre Infiel,
detrás de una buhardilla.
Todo esto pasa
cuando algún cuadro
juega a ser pintura,
y truenan los pinceles.