LOS   PIES

 

Han mejorado la playa,
la  antigua fila unidireccional de tablas
para penetrar en la arena,
se ha convertido en un candelabro judío.
Los pies ya pueden elegir su destino.
Pueden depositar papilomas,
chicles pegados en las chanclas,
azul desteñido del sudor de los zapatos nuevos,
y hasta limpieza de una ducha reciente.
Allí van unos que sueñan con tener novio.
Por allá otros que piensan en dejarlo.
Detrás, aquellos acostumbrados a dar paso.
Los pies rara vez se parecen a sus amos.
Van por libre.
Deberíamos guardar fotos de los pies
para enseñárselos a los compañeros de oficina.
Dicen más que los paisajes.
Pies mojados,
croquetas de arena recién hechas.
Esos pies mienten a Hacienda.
Los siguientes, también.
Aquellos blanquitos, acaban de llegar.
Parecen de enfermera.
Ahora tocan los lentos,
los que acumulan vida.
Son los pies
una tarjeta de visita indeseada,
la negación del vuelo.
Esclavos pares de voluntad,
siempre obligados a caminar unidos.
Los pies,
El sexo a ras del suelo.

 

                                                                                          La Antilla, 8 de Julio de 2.006