LA MONTAÑA
No vine a cambiar la vida.
Es un cromo gastado con facciones familiares.
Sólo traté de prolongarla un poco
al pie de la montaña-
Sacarle una sonrisa de sorpresa
acunando a un cadáver: el tiempo transcurrido.
El descubrir de una ilusión a otra,
por un puente colgante de imprevistos,
por la escala ascendiente descendiendo.
Sentía piedras nobles a mi espalda
y me apoyaba inerte,
en tanto que el susurro de lo alto
me ajustaba el cinturón una trabilla más.
A lo lejos, un reflejo de hielo a punto de irse
puso un lucero al suelo.
Las pisadas de vaca momificadas
creaban un bulevar de estrellas muy particular.
El humano, aquí, no es más que un decorado.
Figuritas de carne en el país del hueso,
pues estas rocas son restos despojados.
Esperanzas tardías
que se sentaron y perdieron la senda
al no ver deslizarse a la montaña
en busca de otro valle.
Amores no reconocidos
del corazón en marcha.
Las metas esperando inútiles
a la carrera suspendida.
Una cruz de caminos,
cementerio de rumbos
que jamás se emprendieron.
No vine a cambiar la vida;
fue la montaña quien me la pidió.