JOHNSON
Ha sonado el tercero de los timbres
la luz va diluyendo su presencia
muy pronto llenará con su inocencia
el vacío escenario de otra triste.
Porque Johnson va vestido de bombillas felices,
él mismo es un teatro ambulante
en el que se venden crecesueños
y se arrancan muelas de los que pecan de juicio.
Su pelo de monje medieval
provoca miradas que son risas
no saben que bordado en su camisa
tiene el escudo de amigo fraternal.
Porque Johnson no olvida a los que no le olvidan
no daña a los que no le dañan
no apuesta a lo evidente de otra gente
es una negación del clasicismo.
En la mano, recetas de la vida
por sus palabras, la cuchara de palo
que le permite jugar a niño malo
cocinero canalla de delicias.
Porque Johnson aun sigue buscando sin saber lo que busca
se aposta en las esquinas de mujeres que vuelven,
les hace volteretas, migrañas y amoríos
su circo es un destello a las noches maduras.
Sus frases son recuerdos que yo amaba
treinta años perdidos, encontrados
mejor ser solos que mal acompañados
y hasta la guardia civil lloraba.
Porque a Johnson le gusta hacer llorar a la Guardia Civil
con sus tricornios y bigotes de campaña
pudiera ser la causa que marchen en pareja
como él y yo vamos buscando espectadoras.
A Eduardo, con calidez
4 de Junio de 2005