ESA NIÑA QUE CORRE
Melocotón de luna
la llamaban las setas
mordiéndole un tobillo.
Las agujas del pino
deshilaban sus trenzas.
Al desfile de hormigas
perseguía riendo.
Y hasta el banco escondido
asomaba sus piedras
para verla desnuda.
Madrugada la dicen
porque al monte despierta.
Esa niña que corre
sin motivo ni meta.
Esa niña nacida
del rubor y la huerta