EL  RESPETO

 

La muchacha,
que limpia las mesas,
tiene los ojos asustados.
Un cliente
la llama Rumania,
ufano de su ingenio.
Ella le mira,
y sigue restregando el trapo
sobre los restos de grasa y caramelo.
Rumania,
insiste el mentecato.
Ella siente en sus manos
la transformación.
Tiene una bandera de su país
mojada entre los dedos.
La bandera,
con la que se emocionaron tantas gentes.
Que nunca estará seca,
pues es tela de lágrimas.
¡ Rumania !
Y antes de que ella pueda responderle,
dos sombras negras, afiladas,
se lanzan a su cuello.
El hombre, aturdido,
se levanta.
Al tiempo, que dos lágrimas rumanas,
solo, dos,
recorren sus mejillas.
Ella, le pasa el trapo
y las recoge.

 

                                                                   La Antilla, 27 de Julio de 2.006