EL  GATITO

 

Hazme el gatito por última vez,
susurró ella.
Las luces iban huyendo,
poco a poco.
Que tu lengua me deje
un trozo de sabor.
La sensación de que, aún queda,
algo fresco en mi exterior.
Él obedeció.
No era fácil llegar hasta su cuerpo.
Tan cerca y tan imposible.
Desbandada de luces.
Un hierro se interpuso en su camino.
Un hierro negro con los pelos de humo.
La tela de su traje estampado
estaba rota, cuando él quiso apartarla con sus dientes.
Sería más sencillo de lo que pensaba.
Su lengua empezó a distinguir sabores.
Grasa, astillas de plástico,
sangre reseca y, mucha más,
pendiente de secarse.
Pero al final,
un pequeño trozo de piel blanca,
cálida y tenue,
le regaló un recuerdo.
Ella volvió la cara.
Le observó retorcido.
Puso sus labios en la forma más parecida a una sonrisa
y bajó el interruptor.
¡ Lady, milady !
Sonó su pensamiento.
Las luces terminaron por marcharse.
Y en el túnel,
la oscuridad solo se cuarteaba,
con los flashes desalmados,
de varios asesinos de papel.

 

                                                                     La Antilla, 26 de Julio de 2.006