ADIOS

 

Adiós,
dijo alguien
que, por no tener,
no tenía ni nombre.
Envolvió su vida en un hatillo
y sin esperar a la mujer de Lot
calzó las alpargatas de olvidar.
Adiós,
le respondió la lámina,
gastada de ser vista,
bajando de la pared con dignidad.
En el descenso
perdió varios colores,
cometa improvisado.
La mañana era tarde
o la tarde mañana.
Momento reversible
de luz indiferente.
El amigo,
que no sabía que tenía,
con un golpe de cejas
expresó no te pierdas.
Era un gato o un perro
o un ser  de compañía
o, simplemente, algo.
Se encaminó hacia el huerto
y robó una cebolla,
podría serle útil
si había que llorar.
Por donde se va a Dios
preguntó a una libélula.
Esta le dijo:
Vuela
es la única forma
para quien tiene alas.
De la cebolla
extrajo un par de capas.
Las despidió hacia el cielo
mas cayeron exhaustas.
Regresó hacia el amigo
quien le prestó las cejas
Las enarcó a una nube
y no se sujetaron.

Al volver a su casa
de la lámina hizo un
avión presuroso.
No le sirvió de nada,
le faltaban colores.
Entonces,
no le quedó más remedio
que rebuscar en el hatillo
contra su voluntad.
Allí estaba.
Ya podía volar.
Allí, en el fondo,
silencioso,
sin reproches.
Le estaba esperando….
… su corazón.

 

                                                Luis Ricardo Suárez

                                                  Segovia, 8 de octubre de 2005