EL  DÍA  45

 

Era día de festejo
de recuerdo y alabanza
pero pasó un cuervo negro
envolviéndole en sus alas

A Carlos, último juguete
que la vida nos dejaba
Quiso pasarle la cuerda
y a mí la risa y el alma

Y a ti también Isabel
aunque no lo imaginaras
en ese momento intenso
cuando tu hijo vacilaba

Sus piernas decían no
y mi cabeza estallaba
en ideas pervertidas,
sus pupilas dilatadas

Y entonces lloré, Isabel
a solas, mientras duchaba
mis temores a salir
aunque en partir tenía ansias

Y entonces recé, Isabel
un agnóstico entre lágrimas
grita a lo desconocido
Existe, Gran Dios, si es que amas

A esta mujer que hace años
A este hombre que te calla
A ese hermano indiferente
al terror que llama y llama

Allí está, muy tumbadito
a la puerta de tu casa
Veo al cuervo traicionero
y me enfrento. Muere o mata

Pero a él no, mal nacido
a este hombre que te ataca.
El día cuarenta y cinco
viví mi hora más larga

 

                                                          Madrid, 10 de Junio de 1996