EL DÍA 45
Era día de festejo
de recuerdo y alabanza
pero pasó un cuervo negro
envolviéndole en sus alas
A Carlos, último juguete
que la vida nos dejaba
Quiso pasarle la cuerda
y a mí la risa y el alma
Y a ti también Isabel
aunque no lo imaginaras
en ese momento intenso
cuando tu hijo vacilaba
Sus piernas decían no
y mi cabeza estallaba
en ideas pervertidas,
sus pupilas dilatadas
Y entonces lloré, Isabel
a solas, mientras duchaba
mis temores a salir
aunque en partir tenía ansias
Y entonces recé, Isabel
un agnóstico entre lágrimas
grita a lo desconocido
Existe, Gran Dios, si es que amas
A esta mujer que hace años
A este hombre que te calla
A ese hermano indiferente
al terror que llama y llama
Allí está, muy tumbadito
a la puerta de tu casa
Veo al cuervo traicionero
y me enfrento. Muere o mata
Pero a él no, mal nacido
a este hombre que te ataca.
El día cuarenta y cinco
viví mi hora más larga