“23”

 

Desde mi ventana veo casas del Madrid antiguo
con andamios protectores dispuestos a maquillarlas de eterna
juventud. Son el señorío de la ciudad con penachos de piedra
estilizados y las nubes grises por bandera. En sus balconadas
las columnas cambian de forma como si el tiempo no fuese
constante en cada altura. Hace triste y el cielo se ha ausentado.
Cerca de aquí, tres días antes, pusieron un bomba las gentes
nacidas del revés para que no olvidemos lo lejos que queda
el mar de la tranquilidad. Así me siento en una cifra inócua
Tranquilo a la vista del tiempo que nos arruga sacándonos
el azúcar perdido de los ojos. Según nos pasa el tiempo
a torrente sólo nos van quedando ojos. Faros de luz diurna
en los que han dado vueltas los peligros adormilándose al son
de las palabras que hacen concilio. Es la cara el espejo de
la cara y el alma como el marco de Poli: un caro
revestimiento. Desde aquí me gustaría enviarle a Piti
un mensaje de esperanza para que el sinsentido retorne a
sus alrededores. Si el dinero no compra la felicidad que
la pague el valor. Mis manos, las que fueron bonitas, se
han comprado un traje de escamas y de lunares para ir
a la Feria. Por un lado llevan la línea larguísima de
la vida y por el otro tres venas gordas desmintiéndola. A mi
sangre se le rebelan los afluentes. No es miedo, es tolerancia
Saber aceptar sin necesidad de esperar. Soñar un espacio en
el museo de las máquinas persistentes. Ya no sirve pero haría
pan si alguien quisiera recordar un sabor neutro. Lo bonito
de dejar ir al lenguaje es que excita la imaginación allí
donde la intención es una ausente, elevando a la categoría
de genio a un mero malabarista. Metido en faena esto
se parece a la vida: Demasiado complicada para
encontrar una vía de fácil salida sin destrozar el laberinto.
23 años hace que nos casamos y ahora nos quedan
otros tantos para deshacernos despacito. Quién sabe si
en el camino de vuelta encontraremos una piedra incómoda
en la que solo se pueda sentar uno y no nos quede más
remedio que te vuelva a coger en brazos a la entrada
de la casa de los sueños. Sabes bien que volvería a entrar
contigo en ella pues no hay mejor irrealidad que la
realidad sin sentido estallando en carcajadas. Y, amor,
contigo aún me río.

 

                                                                  Madrid, 14 de Mayo de 2001