UN  VASO  DE  TU  OLOR

 

Laguna mansa sin barcos a esta hora.
Palmera sola, pues él, ya se bajó.
Ventana inerte con la persiana rota.
¿Me darías, canaria, un vaso de tu olor?

Mira mi lengua seca de palabras.
Nota mis manos ciegas por el sol
que desprenden tus piernas en la playa.
Arena negra, cafetera sin filtro limpiador.

La mujer se dio una vuelta,
apoyando su sexualidad sobre la toalla.
Al valle de su espalda,
le daba continuidad
una montaña, con el fiordo deshelado
por un volcán inquieto.

¡ Que perfección,
el descenso de sus muslos,
solemne, y adornado de pelitos salinos,
con casitas de mar en cada uno. ¡

Las corvas, se curvaban
para coger impulso,
surfeando los músculos extendidos
en descanso tenso.

Pies, con las líneas de su vida subterránea,
ocultando la información
a un adivino distanciado,
que apenas podía distinguir
el color esmaltado de sus uñas.

Las palabras. Me queman las palabras.
Canaria, te lo ruego, por favor.
Mira mi lengua, mis manos encalladas.
Tan solo pido, un vaso de tu olor.

 

                                                                                          Madrid, 6 de Octubre de 2.006