JUEGOS DE NIÑOS
Papá, yo quiero ser un animal.
No dejes que se me acerque la razón.
Ella no me quiere.
Pretende adueñarse de una canica de espontaneidad
que escondí debajo de la almohada.
He conocido a una chica ¿sabes?
Quisiera jugar a la risa infinita con ella.
Saltar a pídola por encima de las palabras,
e inventarnos frases ilógicas
cocinadas en una aurícula.
Me gusta, Papá.
Me gusta que me guste.
Si me apuras,
me gusta que yo no le guste.
Eso es señal de que me va a querer.
Palabrita del Niño Diablo.
La próxima vez que la vea,
le pondré una zancadilla
para que al mirarme desde el suelo
me vea la corona
que, de pies, ha confundido
con una rueda de escapar.
Susúrrale al oído,
con tu voz de viento alisio,
la respuesta a sus temores :
No es un animal racional,
ni falta que le hace.
Es un animal espiritual.
El día que te quedes en él,
oirás rodar una canica
marchando despreocupada.
Ese niño ansioso,
habrá encontrado, al fin,
el final de la cerilla,
que nunca terminó de quemarle los dedos.
Y un beso,
Un beso perdedor,
Habrá ganado al tiempo.