EL ULTIMO RECUERDO
He abierto el portalón de los recuerdos.
Les vi salir cansinos, inapetentes.
Recorrían la senda
sin apenas levantar polvo del suelo.
Demasiado jóvenes
para arrastrar los pies,
al no saber reconocer la pena.
Penetré en mi cabeza.
Me guié por el instinto
que alientan las presencias
y allí estaba.
Sentado en una esquina,
con las piernas colgando de neurona
y los brazos eléctricos.
El único que no quiso marcharse.
Era un recuerdo neonato,
de olor a incubadora.
Poseía la fuerza de la tozudez
sin ganas,
el derecho a morir
con una amnesia.
Le puse enfrente del espejo.
Así pudo conocerse.
Era una noche en que ella
solo necesitaba abrazos.
Era los dos en una cama estrecha
con su cabeza almohadada en mi pecho.
Respiraba ella,
y a mí me daba aire.
Respiraba asentada en un sueño
de barca sin toletes.
No hacían falta remos
al pillar al amor en un remanso.
Sonrío al entenderse.
Me miró sin comprender ....
Y se marchó cantando.